martes, 8 de mayo de 2012

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Por Lara Gómez de las Heras

http://www.youtube.com/watch?v=k0_Ob3b9AdQ

El hombre se prepara para el fin del mundo, ÉL trabajador, de día y de noche, que no descansa, amigo de los animales, que se preocupa, que crea, que aguanta todo, frío, lluvia… demostrando así su valentía, su hombría; la mujer que no aparece en el anuncio hasta el momento en que él se echa el desodorante, como una llamada para ellas, que acuden cuando el trabajo esta echo, como si ellas no tuvieran esa fuerza, la mujer respaldada por el hombre. Se mantiene una vez más el segundo plano que se le otorga. La dependencia de la mujer que comentaba antes también situada en la edad de bronce, según Simone de Beauvoir en su libro.
La mujer guapa, delgada, bien vestida, bien peinada, fértil, pecado… el mito de la belleza, otra vez la satisfacción al hombre, ellas como objeto, él como macho que lo tiene todo: mujeres, sitio donde vivir, creado y echo por él, su barra del bar para beber, la música…

Puede venir lo que venga, el fin del mundo si es preciso, pero a ÉL le basta con lo que tiene, no necesita más para sobrevivir: beber, música, techo y mujeres que le cuiden y le satisfagan, que le cocinen, le laven, se preocupen, estén atentas a sus necesidades…

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